¿Podemos vivir sin estar conectados?

Por: Mary Velázquez Dorantes |  Twitter: @mary_dts

Hace dos décadas era impensable vivir sin la televisión, sus telenovelas, sus caricaturas o los nuevos programas alternativos. Resultaba complejo imaginar un día sin TV; sin embargo, el mundo dio un giro donde el entretenimiento de nuestros monitores se cambió a la telefonía inteligente y portátil.

No podemos vivir sin estar conectados al nuevo medio llamado internet, porque la vida económica, social, de ocio y cultural ha sido modificada gracias a estas conexiones que rompen las barreras geográficas e incluso lingüísticas. El mundo depende de conexiones tecnológicas, pero vive de numerosas desconexiones humanas.

En la actualidad se nos anuncia un futuro con robots, con gafas inteligentes que dictan perfiles de comportamiento, con instrumentos que aceleran los procesos biológicos, un mundo conectado a la vida artificial. Es por ello que El Observador de la Actualidad te presenta tres acciones para reflexionar sobre la desconexión digital y la conexión humana:

MÁS CONVERSACIONES CARA A CARA

El nuevo modelo de vida nos dice que estamos conectados y comunicados. Muchas de las veces las redes sociales son el medio de sobrevivencia a la «conversación». No obstante, lo que estamos haciendo es interactuar con las personas, no comunicarnos: la tecnología impide ver nuestras reacciones de primera mano cuando enviamos un mensaje instantáneo, nos impide tocar y sentir el calor humano del otro, nos limita a frases cortas, porque a quién no le ha sucedido que un texto largo no se entiende o que una nota de voz resulta incomprensible. Hay muchas ventajas de la conexión; sin embargo, mientras más pensamos en mundos hiperconectados o mundos virtuales, más nos alejamos de nuestras conversaciones largas. Sin emojis, con sonrisas o discusiones acaloradas, la conectividad evita verse directamente a los ojos. Hemos reducido nuestros encuentros personales a mensajes de Whatssap o video llamadas. Le estamos diciendo adiós a los desayunos de contacto. Por ahora, los desayunos se organizan mediante un teléfono inteligente que nos acompaña a todos lados y que regula nuestros espacios «de contacto».

CONEXIÓN PERSONAL

Si apagamos la conexión de WiFi o de datos, ¿hace cuánto no te conectas contigo mismo? Digamos que hicimos un salto al pasado y lo único que tenemos es nuestro hogar, que las pantallas no dependen de los que estamos descargando, los video juegos no son una tentación, la actualización de las redes sociales no nos llama. ¿Hace cuánto no detienes el tren de la tecnología y dialogas contigo mismo? La reflexión y los procesos del pensamiento se están deteniendo porque la conexión tecnológica resuelve nuestro mundo.  El internet de las cosas nos «ayuda» a vivir en una zona de confort que hace dos décadas no existía; sin embargo, estamos omitiendo reflexionar nuestros proyectos, nuestros problemas, nuestros encuentros.

Si en lugar de un like a una foto de perfil en redes sociales se lo diéramos a un momento de silencio y encuentro interior…Si al estar visitando el muro de las actualizaciones de los demás, visitáramos nuestro muro propio…Si en lugar de enviar cadenas de oraciones masivas, iniciaríamos una cadena de oración personal…Si en lugar de la necesidad de saber todo de manera instantánea, nos pudiéramos detener para analizar lo que ya sabemos, el mundo de la conexión sería mucho más personal y humano que lo estamos considerando que es.

Algunos expertos y curiosos sobre el tema de la desintoxicación están planeando hacer retiros de encuentros personales. Sin tablet, sin celular, sin pantallas, de tal forma que durante esos días el hombre viva una desconexión que lo ayude a conectarse consigo mismo, ¿es necesario tener letreros de «¡peligro, vivimos conectados!?»

MÁS TIEMPO REAL QUE VIRTUAL

Las cifras del mundo tecnológico son abrumadoras. Cada vez conquistamos metas en contenidos impresionantes, millones de imágenes se suben cada segundo, billones de estados son actualizados, miles de puntos son conseguidos por estar en línea; sin embargo, cuánto tiempo real pasamos con los que amamos, cuánto tiempo de calidad y real dedicamos a nuestras tareas importantes y no urgentes. El tiempo en el mundo de hoy es muy rápido debido a la presencia de las redes sociales, los ciber encuentros, las conexiones a distancia.

Podemos dedicar horas a una conversación instantánea pero breves minutos a una conversación personal. La virtualidad nos está llegando de manera que no sentimos cómo la incorporamos a nuestras vidas, todo comienza con un «conectado».

Vivimos situaciones que nos agobian porque no conseguimos el éxito en los medios sociales, anunciamos situaciones íntimas de forma viral, confirmamos asistencia a eventos a los que nunca llegamos, buscamos amigos en línea y no vemos a los cercanos. Somos más virtuales que reales, jugamos en mundos donde nuestra mente esta liada con nuevos escenarios, educamos a nuestro cerebro para hacerlo creer que la realidad aumenta. Es la realidad que vive, mientras que nuestro cuerpo humano es una extensión de la tecnología y no a la inversa.

¿Podemos vivir sin estar conectados? ¡Hagamos un intento!

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