Papa a los jóvenes: Como María, no temer al miedo. La JMJ es para los valientes

Papa a los jóvenes: Como María, no temer al miedo. La JMJ es para los valientes

Seguir el camino de la Virgen María, que va del miedo al discernimiento; que parte del descubrimiento de ser “preciosos” a los ojos de Dios, y llega al coraje de decir “sí” y realizar el don de sí mismo a la Iglesia y al mundo, en un “amor lleno de audacia”, propio de los “valientes”. Son algunas de las pistas que el Papa Francisco brinda a los jóvenes, en su Mensaje para la 33ra Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que este año se celebra en las diócesis el próximo 25 de marzo, coincidiendo con el Domingo de Ramos. En enero de 2019, en cambio, se llevará a cabo el encuentro mundial, en Panamá (22-27 de enero).

El Mensaje, escrito a modo de carta personal dirigida a los jóvenes, tiene como tema “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios” (Lc 1,30) y se desarrolla como una meditación sobre todo cuanto le sucedió a María, llevado al plano de los sentimientos y experiencias de los jóvenes referidos al tema de la “fe y el discernimiento vocacional”, temáticas que afrontará el Sínodo de los obispos en octubre próximo. María, dice el pontífice, “camina con nosotros rumbo al Sínodo y rumbo a la JMJ de Panamá”.

¡No temer!

Ante todo, está la “turbación” de María ante el anuncio del ángel, que es comparada por el Papa con “la «emoción» que sentimos frente a las decisiones sobre nuestro futuro, nuestro estado de vida, nuestra vocación”. Y después de preguntar “Y vosotros jóvenes, ¿qué miedos tenéis?”,  él pasa a describir algunos:

El miedo “de no ser amados, queridos, de no ser aceptados por lo que sois”, el cual conduce a un fuerte “sentido de inadecuación”. De aquí surge el temor “a no ser capaces de encontrar una seguridad afectiva y quedarse solos”; la “precariedad del trabajo”; el “no ver cumplidos sus sueños”.  Estos temores están “presentes, hoy, en muchos jóvenes, tanto creyentes como no creyentes”.

Francisco les sugiere “«dar un nombre» a vuestros miedos” No tengáis miedo de mirar con sinceridad vuestros miedos, reconocerlos con realismo y afrontarlos”. Gracias a la fe, “creer en la bondad fundamental de la existencia, que Dios nos ha dado”, confiando “en que Él nos lleva a un buen final” incluso “a través de circunstancias y vicisitudes que a menudo son misteriosas para nosotros”.

No dejándose bloquear por el miedo, uno puede abrirse al “discernimiento”, sobre todo para comprender la propia vocación personal. “Se necesita entonces el silencio de la oración para escuchar la voz de Dios que resuena en la conciencia de uno mismo”,  pero también “el diálogo con los demás”, sean ellos sacerdotes o personas maduras que, “como hermanos y hermanas mayores en la fe, puedan acompañarlos”. Abrirse a los demás es una necesidad: “No dejéis, queridos jóvenes, que el resplandor de la juventud se apague en la oscuridad de una habitación cerrada en la que la única ventana para ver el mundo sea el ordenador y el smartphone. Abrid las puertas de vuestra vida. Que vuestro ambiente y vuestro tiempo estén ocupados por personas concretas, relaciones profundas, con las que podáis compartir experiencias auténticas y reales en vuestra vida cotidiana”.

¡María!

“El primer motivo para no tener miedo es precisamente el hecho de que Dios nos llama por nuestro nombre. El ángel, mensajero de Dios, llamó a María por su nombre (…) Queridos jóvenes: Ser llamados por nuestro nombre es, por lo tanto, signo de la gran dignidad que tenemos a los ojos de Dios, de su predilección por nosotros. Y Dios llama a cada uno de vosotros por vuestro nombre. Vosotros sois el «tú» de Dios, preciosos a sus ojos, dignos de estima y amados (cf. Is 43,4). Acoged con alegría este diálogo que Dios os propone, esta llamada que él os dirige llamándoos por vuestro nombre”.

Has hallado gracia ante Dios

“El motivo principal por el que María no debe temer es porque ha encontrado gracia ante Dios”. Este “amor gratuito, inmerecido”, otorga coraje al discípulo. Aunque siempre permanezca un “sentido de inadecuación”, él sabe que es asistido por la gracia de Dios”.

“El haber «encontrado gracia ante Dios» – explica el Papa- significa que el Creador aprecia la belleza única de nuestro ser y tiene un designio extraordinario para nuestra vida. Ser conscientes de esto no resuelve, ciertamente, todos los problemas y no quita las incertidumbres de la vida, pero tiene el poder de transformarla en profundidad. Lo que el mañana nos deparará, y que no conocemos, no es una amenaza oscura a la que tenemos que sobrevivir, sino que es un tiempo favorable que se nos concede para vivir el carácter único de nuestra vocación personal y compartirlo con nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia y en el mundo”.

Valentía en el presente

“La fuerza para tener valor en el presente nos viene de la convicción de que la gracia de Dios está con nosotros: valor para llevar adelante lo que Dios nos pide aquí y ahora, en cada ámbito de nuestra vida; valor para abrazar la vocación que Dios nos muestra; valor para vivir nuestra fe sin ocultarla o rebajarla”.

El Papa expresa a los jóvenes el deseo de “que en la Iglesia se os confíen responsabilidades importantes, que se tenga la valentía de daros espacio; y vosotros, preparaos para asumir esta responsabilidad”. Él los alienta una vez más a contemplar a María, para descubrir un “amor lleno de audacia y completamente proyectado hacia el don de sí misma”.

Y concluye con una invitación y un desafío amistoso: “Queridos jóvenes: el Señor, la Iglesia, el mundo, esperan también vuestra respuesta a esa llamada única que cada uno recibe en esta vida. A medida que se aproxima la JMJ de Panamá, os invito a prepararos para nuestra cita con la alegría y el entusiasmo de quien quiere ser partícipe de una gran aventura. La JMJ es para los valientes, no para jóvenes que sólo buscan comodidad y que retroceden ante las dificultades. ¿Aceptáis el desafío?”.

El Mensaje está fechado el 11 de febrero pasado, memoria de la Virgen de Lourdes

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