Cómo romper el hielo en una primera cita

Prepara la cita con antelación. Así podrás vencer imaginaciones que no hacen nada más que acrecentar el miedo. Pura fantasía.

Si tienes problemas de sudoración, el algodón es un buen aliado. Lleva pañuelos en los bolsillos para secarte las manos (antes de saludar) y, por debajo de la camisa o sudadera, una camiseta de algodón 100% que absorverá la transpiración.

No es una contienda, así que el lugar ha de ser favorable para los dos. Si quieres tener una conversación larga, es mejor que no escojas un bar donde solo hay barra con asientos altos: están hechos para que a los 15 minutos ya quieras levantarte. Tampoco es bueno que escojas un lounge bar con sillones a kilómetros de distancia. Asegúrate de que la música del local os permitirá charlar.

Si quedas para almorzar, determina la mesa que mejor os vaya, no una que quede a un palmo de la mesa contigua. Algo de intimidad si no quieres que los demás opinen sobre lo que acabas de decir.

¿Vegana? ¿Celíaca? ¿Raw? Tenlo en cuenta. Y lo mismo si es tu caso: no obligues a la otra persona a seguir tu dieta, en cualquier caso.

Por las redes sociales puedes saber datos de la otra persona. Pero también por los amigos comunes, por las personas de su trabajo… Valorará que te has interesado por conocerla previamente.

Busca información para hablar de sus campos de interés: cine, deporte, viajes, música, series… Siempre puedes recurrir a las noticias o al próximo evento de la ciudad.

La verdad, si tu objetivo es una cita para lograr esposa y desde el minuto uno se te ve esa intención, es posible que la persona salga corriendo. Debes dejar margen a la libertad de la otra persona: esa cita no es el último recurso del hombre sobre la tierra.

Es mejor tener algo de paciencia. Enfoca tu cita a conocerla y darte a conocer. Deja que el siguiente paso lo decidáis los dos, no solo tú.

Si te planteas la cita como un primer paso, sin más, abierto a la amistad o quizá a una relación más fuerte, entonces establece qué es lo que te gustaría que ocurriera hoy: ¿que sepa tal cosa de ti, que nunca hasta ahora le has dicho?, ¿que te hable de su sentido de la vida?…

Subraya tu parte positiva. Si has empezado a hacer lista de las cosas que pueden salir mal, si no dejan de venirte a la mente recuerdos de experiencias negativas y si te asalta la terrible sensación de que eres incapaz de interesar a alguien, comienza por establecer puntos de apoyo. Concretamente dos (no busques más, porque te harás un lío).

Aspecto positivo de tu trayectoria: ¿qué hay en tu vida de lo que te sientes muy orgulloso? No me refiero a un máster del MIT (que quizás sí) sino a ese logro del que verdaderamente te sientes satisfecho: haber ayudado cada día a tu abuelo a vestirse, haberte pagado los estudios con un trabajo de camarero, el día en que te enfrentaste a un muchacho que hacía “bullying” a un compañero, un trofeo deportivo…

Aspecto positivo de tu personalidad: ¿qué nota de tu temperamento es la que crees mejor? ¿y de tu carácter? O tal vez lo más destacable es que has sido capaz de cambiar en algo: “Antes era muy desordenado y ahora no me avergonzaría si vieras mi habitación por sorpresa”.

No pongas tus expectativas en esta cita como si fuera lo último que vas a hacer en la vida o como si todo dependiera de eso. Relájate, porque los años tienes 365 días como poco, así que habrá otras oportunidades. Tómalo como una experiencia: vas a aprender. La siguiente será mejor, si esta no resulta del todo bien.

¿Y si va fatal? Bueno, pues tampoco hay para tanto. Una cita es solo eso: una cita. Si va mal (y eso no solo lo valorarás tú), no hay que preocuparse porque la vida sigue y habrá más. Quizá es un mal día, quizá esa persona te decepciona… O sencillamente necesitáis una segunda cita para que se vaya despejando la maraña.

No esperes saberlo todo de la otra persona después de una primera cita.

No esperes que alguien se enamore perdidamente de ti (a veces hay chispa, pero lo normal suele ser que despierte el interés y que comience una amistad, sobre todo si estamos hablando de personas que han superado los 30).

No conviertas el encuentro en un interrogatorio. Claro que te mueres de ganas de saber cómo es, pero no hace falta que el primer día le dé la sensación de que ha estado con alguien del Mossad. No seas agotador ni curioso.

No hables solo tú. No llenes la conversación de tus logros, de tus opiniones, de tu posición política, de tus anécdotas divertidas… Deja espacio a la otra persona para que “esté viva” en la conversación. Si tú opinas, que ella también pueda hacerlo; si cuentas algo de tu carácter, pregúntale: “¿tú también reaccionas así como yo cuando te pasa esto?”.

Cuando un explorador se adentra en la selva, no tiene gracia si todo lo que ve es previsible. Deja que la conversación discurra por donde decidáis entre los dos. No quieras atarlo todo desde el comienzo.

Recurre al episodio anterior, es decir, a quién o cómo habéis llegado a concertar esa cita: el amigo común que os ha presentado, el gimnasio en el que os conocisteis, el grupo de Facebook, el instituto… Ayuda hablar de ello porque sabes que los dos podéis decir algo al respecto.

Verbaliza el agradecimiento a la persona que ha hecho posible vuestra cita, o al hecho que hizo que os conociérais. Así la otra persona entiende que tú ves como favorable la entrada de ella en tu vida. Punto positivo.

Cómo no, verbaliza el agradecimiento por haber acudido a la cita.

No quieras imposturas. Un psiquiatra amigo mío me contó que un paciente llegó a su consulta porque estaba muy preocupado. Por las redes sociales había conocido a una mujer arquitecta. Él no había terminado los estudios de Arquitectura pero “quiso ponerse a su nivel” para impactarla y mintió. Transcurrido un tiempo, ella propuso tener una cita en la realidad y él se daba cuenta de que aquella mentira hacía peligrar el futuro de la relación. Debería deshacer lo andado.

Muéstrate como eres. Con tus virtudes y defectos. Di con transparencia lo que crees que la otra persona debe saber de ti.

Don Perfecto no existe. Si un hombre solo habla de sus virtudes y logros, al acabar la cita es posible que ella se pregunté dónde está entonces su grieta. Mejor dar a conocer tu “humanidad” y que ella decide si puede ser la persona dispuesta a curarte, quién sabe si toda la vida.

Si querías invitar tú pero insiste en pagar a medias, cede.

Si hay momentos de silencio, deja que fluyan. En las conversaciones normales hay momentos de relajación.

Si las cosas salen muy distintas a como habías previsto: llega tarde, quiere cambiar de lugar… acéptalo sin más. En el fondo, la vida es un continuo cambio de planes.

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