El rostro de Tierra Santa: Fotógrafo se centra en la humanidad común de la gente en conflicto

Cincuenta años no son mucho en Tierra Santa, donde la historia se extiende a lo largo de milenios.

Pero para alguien que se ha criado en medio de algunas de las situaciones más desafiantes de la región, 50 años pueden parecer casi una eternidad.

Así es para Nazeeh, un palestino de 51 años originario de Ramin, una aldea palestina en el noreste de Cisjordania.

“Nací el primer día de la ocupación, en 1967, y desde entonces he vivido en esta difícil situación”, contó Nazeeh hace poco al fotógrafo Marcin Mazur, de la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales.

El rostro erosionado de Nazeeh aparece en una exposición de la obra de Mazur que ha ido viajando por partes de Inglaterra y Gales. La exposición, que está destinada a fomentar la paz en Tierra Santa enfatizando la humanidad común tanto de israelíes como de palestinos, se ha inaugurado este año, que marca el 50.º aniversario de la Guerra de los Seis Días.

Mazur, nativo de Polonia, ha pasado mucho tiempo en Tierra Santa, incluyendo zonas como Gaza o un campo de refugiados en Jordania, porque acompaña con frecuencia a obispos en sus visitas regulares a Tierra Santa. En 1998, el Vaticano pidió a los obispos ingleses que hicieran de coordinadores para los obispos de todo el mundo que visitaran Tierra Santa para apoyar a la Iglesia local. Esta Coordinación de Tierra Santa consiste en una reunión anual de obispos de toda Europa, América del Norte y Sudáfrica.

Nazeeh, como para la mayoría de las 50 personas que aparecen en la exposición, es mencionado solamente por su nombre. En la versión en línea de la exposición, hay disponible una breve entrevista grabada con Nazeeh, donde explica que nunca vio a su padre después de que este se mudara a Alemania, donde encontró trabajo y acabó falleciendo. Nazeeh se casó y con su esposa tuvo cinco hijos, que tienen un buen recorrido por la escuela y quieren ir a la universidad. Esto implica que Nazeeh tiene que combinar varios trabajos.

“Trabajo en la aceituna, trabajo en la almendra, trabajo en las fábricas de Tel Aviv. También trabajé como maestro de escuela”, explica.

Pero a causa del muro de seguridad entre Israel y Cisjordania, Nazeeh puede llegar a tardar 12 horas en recorrer la corta distancia entre su hogar y su lugar de trabajo, según aseguró. Así que debe permanecer durante largos periodos en el lado donde trabaja, lo cual implica estar separado de su familia y perderse muchas celebraciones especiales, como la fiesta musulmana del Eid.

“Resulta increíble cuando puedes ver tu casa pero no puedes hablar con nadie durante 30 días, 60 días, porque si quieres volver a casa, no puedes volver al trabajo”, afirmó Nazeeh. “Tengo que quedarme en el trabajo”.

“A veces mis amigos me preguntan ‘¿Por qué envejece tan rápido tu cara?’. ¿Qué por qué? Trabajo 17, 18, 19… a veces 21 horas al día bajo el sol y viviendo con estrés. (…) Mi piel es como la piel del olivo y los olivos son sagrados para nosotros. Son como parte de la familia, sufren con nosotros”.

Al igual que la tierra que habita, Nazeeh comparte espacio en la exposición con judíos, musulmanes, católicos, ortodoxos, anglicanos, coptos, drusos, samaritanos, beduinos y otros. Aquí hay antiguos soldados, personas que perdieron hijos en el conflicto, refugiados de los campos de Gaza, colonos israelíes, supervivientes del Holocausto, un antiguo parlamentario de la Knéset y personas de casi todos los rincones de Israel y Palestina, incluyendo los Altos del Golán y el desierto del Néguev.

Mazur, que manifestó su deseo de crear una plataforma donde las personas de Occidente pudieran ver a las personas de Tierra Santa “cara a cara”, insistió en que esta exposición no es un manifiesto político, sino un intento de mostrar a las personas tal y como son, sin consignas políticas.

“Ojalá las personas puedan ver en las fotografías a otras personas”, dijo en una entrevista el fotógrafo. “Me centré en la cara y en los ojos. Quería crear contacto visual. Espero que una persona que venga a la exposición se detenga un momento, se pare a pensar, se detenga para darse cuenta de que la vida no es tan fácil para algunas personas incapaces de moverse, que pasan la mayor parte de su vida (toda su vida en muchísimos casos) viviendo en campamentos de refugiados. Que se pare a pensar en la madre que perdió a su único hijo en el puesto de control fronterizo cuando estaba de servicio”.

Mazur afirmó que las 50 fotografías y las historias que las acompañan salieron de entrevistas con 100 personas a las que conoció en sus viajes por Tierra Santa a lo largo de 10 años. “Escuchar a aquellas personas fue una experiencia increíble”, reflexionó.

Únicamente el proceso de conseguir que las personas accedieran a ser parte del proyecto ya fue un desafío. “A veces caminaba por lugares como Jericó e iba a tomar un café y empezaba a charlar con los locales, y entonces los conocía y al final algunos de ellos decían sí al proyecto”, relataba. En otras ocasiones, incluso después de entrevistar a personas durante mucho tiempo, algunas se resistían a participar en la exposición, al saber que aparecerían junto a personas que consideraban sus adversarios naturales. “Y empiezas a explicar otra vez por qué es tan importante contar con personas de toda la Tierra Santa en el mismo proyecto”, declaró Mazur.

El fotógrafo afirmó que era importante ofrecer otra perspectiva, ya que muchas informaciones de los medios de comunicación se centran en las divisiones y en los conflictos. En medio del conflicto, es importante recordar a las personas la humanidad común de todos quienes viven en Tierra Santa, que es mayor que las diferencias políticas y sociales, insiste el fotógrafo.

La Coordinación de Tierra Santa se reunirá de nuevo en enero de 2018, con su búsqueda de apoyo para la Iglesia local y del fomento de la paz.

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