Si hoy solo pueden escuchar una cosa… que sea a Bill Fay

Si Bill Fay hubiera estado en el lugar indicado, en el momento preciso, quizá hubiera sido el ganador del premio Nobel de Literatura de 2016 y no Bob Dylan.

Su único problema es precisamente ese, que cuando editó su primer disco, se vivía un momento musical extraordinario plagado de grandes bandas y solistas de culto por lo que Fay pasó sin pena ni gloria por el engranaje de la industria musical.

En 1970 publicó “Bill Fay” y en 1971 “Time of the last persecution”, ambos sin mayor repercusión. Fay se dio por enterado y continuó con su vida. Pero cuando una canción te provoca una descarga y el vello se pone de punta, cuando te hormiguean los dedos al escucharla, no es fácil olvidarse de ella. Eso fue lo que le sucedió a Joshua Henry, productor musical, quien pasó toda su infancia escuchando a Fay.

Apenas pudo buscó a este artista londinense, que seguía escribiendo canciones por el mero placer de hacerlo, y le propuso volver a grabar. Así nació “Life is People”, -el primer trabajo de estudio de Fay en 40 años-, cuajado de profundas letras que hablan de Dios.

Por ejemplo, en “There is a valley” habla de cómo las flores de una colina de Jerusalén enmudecieron ante la crucifixión del Hijo de Dios. Fay asegura en el tema que, por amor, Cristo grabó toda la violencia del mundo en las palmas de sus manos.

Especialmente deliciosa es “The never ending happening” donde el autor se asombra por pertenecer a la maravilla de la Creación, cambiante, infinita e inabarcable. “Thank you Lord” es otro buen ejemplo de la profundidad de su música, una suerte de salmo en el que Fay agradece a Dios todas las bendiciones que ha derramado sobre él y se las pide también para sus seres queridos. Tan poco le interesaba la fama que los beneficios de este nuevo disco los destinó a una ONG. Fay prefería seguir cuidando con mimo de sus plantas y de su música.

Y así llegó en 2015 “Who is the Sender?”, un álbum casi metafísico en el que las canciones son plegarias. Al mismo tiempo, en él se percibe que Fay es un hombre ya en el ocaso de su vida. Quizá por eso, las letras son algo más oscuras y tristes pero eso no le impide dejar de cuestionarse sobre las grandes y pequeñas preguntas a lo largo de sus 13 temas. Una pista ya nos daba al escoger el título del álbum en el que se pregunta: Si la música es un don… ¿quién es el que lo envía?

De momento, no se sabe cuándo Fay volverá a compartir con nosotros ese regalo del Cielo pero nos quedan un buen puñado de temas de este artista que compone desde el alma, una que anhela a Dios en todas y cada una de sus letras y notas.

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