Los obispos de México exponen tres principios clave para elegir “el bien posible” en las próximas elecciones

El domingo 1 de julio del próximo año casi 90 millones de ciudadanos podrán ejercer su derecho a elegir al nuevo presidente de México para el periodo 2018-2024. Este proceso electoral será el más grande –y complicado– de todos los tiempos en México, porque, además del presidente de la República, también se renovará el Congreso en sus dos cámaras, la de diputados (500 miembros) y la de senadores (128 miembros).

Ese día habrá treinta elecciones concurrentes, nueve serán para gubernaturas: Chiapas, Ciudad de México, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Puebla, Tabasco, Veracruz y Yucatán; 629 cargos en 13 elecciones federales y 2,697 cargos en treinta elecciones locales.

En total –y en un solo día—los ciudadanos harán frente al imperativo democrático de votar por 3,326 cargos de elección popular; habrá participación en siete estados del voto de mexicanos que viven en el extranjero; se imprimirán 520 millones de boletas electorales para sufragar en 156,000 casillas atendidas por 1.4 millones de funcionarios electorales en todo el país.

Además de los nueve partidos políticos nacionales con registro que contienden en esta fecha –Acción Nacional (PAN), Revolucionario Institucional (PRI), de la Revolución Democrática (PRD), del Trabajo (PT), Verde Ecologista de México (PVEM), Movimiento Ciudadano (MC), Nueva Alianza (Panal), Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y Encuentro Social (PES)—mismos que habrán de recibir 12,000 millones de pesos (5,800 millones de euros, aproximadamente) de financiamiento público, también y por vez primera competirán candidatos independientes por la presidencia de la República y se permitirá la reelección de presidentes municipales y de diputados federales y locales.

En el mensaje inaugural de la 104ª Asamblea General de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), el pasado 13 de noviembre, el presidente de este organismo, el cardenal y arzobispo de Guadalajara José Francisco Robles, recordó a los obispos que en los siguientes meses se vivirá en México “el estremecimiento de las precampañas y las campañas electorales”.

Para el prelado mexicano “nunca como ahora, el desconcierto y la insatisfacción social definen el escenario”. Desde su perspectiva, los candidatos independientes surgen y momentáneamente parecen ofrecer una alternativa a las opciones políticas tradicionales, “sin embargo, más pronto que tarde, algunos independientes resulta que no lo son tanto”.

“La sociedad busca opciones ciudadanas pero pareciera que éstas no logran aún madurar y consolidarse en su originalidad e independencia. Por otra parte, los partidos políticos desdibujan sus identidades, pierden sus liderazgos-claves, se vinculan con opciones políticas contrapuestas, haciendo que el voto en consciencia de los católicos sea más arduo que nunca”, subrayó en su mensaje el cardenal Robles.

Sobre este inseguro y pantanoso terreno electoral, se preguntó el presidente de la CEM, “¿qué palabra puede decir la Iglesia ante tal desconcierto? ¿Cómo ayudar a que exista una participación democrática madura, basada en una reflexión crítica y ética con gran perspectiva de bien común?”

El cardenal Robles ofreció a los obispos de todo el país, a los sacerdotes y a los laicos, tres puntos “esenciales” que podrían normar el criterio de los católicos y de los hombres y mujeres de buena voluntad a la hora de elegir candidatos y votar por ellos, a condición de que esos principios sean asumidos y sean anunciados (por la Iglesia) “con caridad”.

Primero: La Iglesia como institución no debe inducir el voto hacia partido o candidato alguno. No es nuestra misión sustituir las conciencias sino iluminarlas con la luz de la fe y con las exigencias éticas que brotan de la dignidad inalienable de la persona humana.

Segundo: Hay que evitar que nuestro pueblo crea que el criterio es elegir el ‘mal menor’. En la enseñanza de la Iglesia el mal moral no puede ser elegido nunca ni como fin ni como medio. El principio del ‘mal menor’ solo aplica cuando los males en juego son de orden físico, no moral, tal y como lo saben bien, por ejemplo, los expertos en bioética. En escenarios políticos complejos lo que debe imperar es la búsqueda del ‘bien posible’ que aunque sea modesto, todos estamos obligados a procurar. En un proceso electoral, esto significa que la conciencia cristiana debe discernir cual de las opciones puede generar un poco más de bien, tomando en cuenta la complejidad de las circunstancias (…)

Tercero: Hay que estimular la más amplia participación cívica. Entre más ciudadanos participen, más posibilidades habrá de que nuestra sociedad madure y sea responsable de la cosa pública. No hay que temer a la participación. Al contario, la próxima elección federal será una gran ocasión para que desde la fe todos podamos mostrar nuestro compromiso con México, es decir, con el pueblo real, que hoy se encuentra sufriendo mucho”.

Destaca del mensaje de apertura realizado por el cardenal Robles el tema del “bien posible. Quizá sea esta la mayor “novedad” del mensaje, ya que muchos críticos y analistas de la realidad actual de México –y gran cantidad de ciudadanos—estarían optando por no votar, por anular su voto o, simplemente, votar por el “menos malo” (aunque todavía no haya candidatos oficiales).

“Hacer el ‘bien posible’, reflexionó en ese mismo encuentro el cardenal Robles, significa impulsar todo lo que aporte al bien común, a la paz, a la seguridad, a la certidumbre, a la justicia, al respeto de los derechos humanos y a la solidaridad real con los más pobres y excluidos”.

Para el presidente de la CEM, la Doctrina Social de la Iglesia ofrece estos y otros valores “para que cada persona tome sus decisiones en conciencia y con entera libertad”.

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