“El Pequeño Auschwitz”: Un lugar monstruoso para los niños

¿Uno podría haber sido enviado a un lugar peor que el infierno en la tierra, como lo fueron los campos de concentración alemanes durante la Segunda Guerra Mundial? Es difícil de creer, pero sí. Este fue el caso de los niños polacos a quienes los nazis trasladaron de campamentos como Auschwitz-Birkenau, Majdanek y Stutthof al campamento de niños de Lodz llamado el “pequeño Auschwitz”.

Trabajo sobrehumano, palizas, hambre y frío: igual que en campos de adultos, y además, los niños no tenían a nadie cerca para ser atendidos, para explicarles lo que sucedía a su alrededor. El campamento es poco conocido, no solo fuera del país, sino también en Polonia e incluso en la misma Lodz.

“Se me acercó una señora y me preguntó qué haré como arzobispo de Lodz para restaurar la memoria del campo de concentración para niños polacos en la calle Przemysłowa. Yo no sabía nada de la existencia de ese campamento”, cuenta el Arzobispo Marek Jędraszewski en la película “Nos robaron toda nuestra infancia”.

Desde varios años, el Arzobispo trata de restaurar la memoria de este terrible lugar y conmemorar a las víctimas. Por su iniciativa, se erigió una placa conmemorativa en la catedral, y todos los años a principios de noviembre se organiza una Oración en el Monumento al Martirio de los Niños, llamado Monumento del Corazón Agrietado.

¿De dónde vino la monstruosa idea de organizar un campamento para niños? Poco después de invadir Polonia, los alemanes observaron que existía el problema de los niños huérfanos y sin hogar. Sus padres fueron asesinados, arrestados o llevados a campamentos, por lo que los niños mendigaban o trataban de conseguir comida de otras maneras.

Lo que le preocupaba al ocupante no eran las malas condiciones de vida de estos jóvenes, sino la mala influencia que podían ejercer sobre los niños alemanes.

También hubo casos en que los menores fueron capturados por tráfico ilícito o contrabando (cuando, por ejemplo, ayudaban a sus padres a transportar productos prohibidos). Cuando en la ciudad de Mosin cerca de Poznan, los activistas de la clandestinidad fueron descubiertos, casi 80 niños fueron arrestados.

Pero, al campamento también se podría ser enviado por “deambular” o porque los padres no quisieron firmar la Volksschule, es decir, la lista nacional alemana. Cuando se estableció el campamento, los niños polacos fueron transportados desde los campos de concentración ubicados en la Polonia ocupada.

La elección recayó en la ciudad de Lodz, que estaba en el centro del país y a la que era fácil organizar el transporte de los territorios incorporados en el Tercer Reich y el Gobierno General Alemán. También se tuvieron en cuenta las consideraciones estéticas.

La ciudad de Lodz, industrializada y aún habitada por muchos alemanes, iba a ser una ciudad modelo conquistada. En esta visión no había lugar para los pequeños polacos demacrados, errantes y temblorosos que mendigaban en las calles.

Los ocupantes decidieron crear algo así como un centro de aislamiento o corrección. En la práctica, era un campo de concentración, donde los niños tenían que trabajar de forma sobrehumana y recibían porciones mínimas de comida.

Cada pequeño delito se castigaba con una salvaje paliza, o con métodos “educativos” como mojarles con agua y obligándolos a permanecer de pie al aire libre con mucho frío o a hacer ejercicios extenuantes.

“Los educadores”, también cuidaban los valores morales de sus pequeños esclavos – les animaban a que delataran a sus compañeros. Introdujeron una disciplina absurda y draconiana. El campamento de niños en la calle Przemysłowa en Lodz estaba destinado teóricamente para niños de 6 a 16 años, pero el prisionero más joven tenía sólo 2 años.

A partir de 16 años, eran trasladados a campos de concentración “regulares”. Algunos de los niños más pequeños fueron adoptados por familias alemanas.

No se ha conservado el registro completo del campamento, por lo que se desconoce cuántos niños pasaron por el campamento y cuántos murieron en él. Cuando los soviéticos se acercaban a Lodz en enero de 1945, los trabajadores del campo escaparon y dejaron las puertas abiertas. Los historiadores estiman que en el campo fueron encarcelados de 3 a 5 mil niños y que sus instalaciones tenían la capacidad para unos 2 mil.

En las imágenes del archivo del campo, se puede ver a unos niños tranquilos, a veces sonrientes, de pie en filas. En algunas fotos incluso visten ropa de invierno. Los recuerdos de los prisioneros del campamento de Lodz no concuerdan con estas imágenes.

En los relatos de los ex prisioneros, como también en las cartas conservadas escritas a sus familias, la palabra clave era el hambre. Los niños recibían dos rebanadas de pan y un plato de sopa acuosa al día. Buscaban desesperadamente algo para comer. Ponían insectos en la sopa. Se comían la hierba y las hojas. Trataban de robar algo de la cocina del campo. Tales “crímenes” eran severamente castigados.

Lo más terrorífico era el edificio al que se iba castigado por mojar la cama. Debido a que los niños vivían traumatizados y siempre pasaban frío, muchos de ellos mojaban la cama por la noche. Esto molestaba enormemente a los “educadores” del campo. Como las palizas no solucionaban nada, se organizó una unidad separada para estos niños.

Las insuficientes raciones de comida, en aquella unidad aún las reducían a la mitad. No había colchón en las literas, solo delgadas mantas para cubrirse. Se dormía con la ropa puesta. Las tablas de madera estaban empapadas, podridas y apestaban horriblemente. Los niños se volvían dementes, enfermaban a menudo y morían. Los gemidos de los moribundos no permitían conciliar el sueño. En una de las cartas se puede leer sobre un niño que estaba en tal estado de salud que su cuerpo se podría antes de su muerte, y cuando la supervisora llegó y levantó la manta con un palo, junto con la manta levantó su piel pegada a ella y llena de pus. Nadie quería ir allí.

Por otro lado, todos los niños soñaban con ir a Dzierżązna cerca de Zgierz, donde se encontraba una filial del campo con una granja que abastecía de comida el campo de Lodz. Las raciones de comida eran más grandes y mejores. Desafortunadamente, sólo las chicas de más edad podían trabajar allí.

Incluso durante la ocupación, pocos habitantes de Lodz lo sabían. El campo estaba organizado dentro de las paredes del gueto y separado de él por una alta valla de madera.

Justo después de la de guerra, la valla y la mayoría de los edificios de madera fueron demolidos (entre otros para servir de combustible), y unos años más tarde se construyó una urbanización allí. En 1945, dos de los “educadores”: Sydomia Bayer y Edward August fueron sentenciados a muerte. Pero una de las supervisoras, Eugenia Pohl (después de la guerra cambió su apellido a Pol) vivió en Lodz y trabajó en un jardín de infancia hasta 1974, cuando fue reconocida en la cola de una tienda por uno de los ex prisioneros. Fue sentenciada a 25 años de prisión, salió a principios de la década de 1990 y murió en 2003 en Lodz.

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