¿Cómo aceptar la idea del envejecimiento?

Sumar un año más puede engendrar un gran estrés en algunas personas. El sentimiento de que el tiempo pasa demasiado rápido, la impresión de haber perdido oportunidades, la consciencia de las marcas físicas que dejan los años… Gilles Diederichs, relaxólogo, sofrólogo, musicoterapeuta y autor de Un año sin estrés: Actividades para relajarte y sentirte mejor (ed. Aguilar), explica, basándose en un plan psicológico, cómo atravesar con serenidad esta fase.

Gilles Diederichs: El hecho de sentirse viejo puede provenir de varios factores. Familiares primero. Puede pasar, por ejemplo, a personas que tuvieron responsabilidades muy temprano en su infancia. Sus padres esperaban de ellos que les ayudaran y obedecieran. Es el caso también de las familias monoparentales en las que la madre necesita apoyo y exige mucho a sus hijos.

Las dificultades de la vida provocan también una cierta gravedad que puede instalarse desde muy joven y “moldear” una mentalidad y un comportamiento de viejo. Para estas personas castigadas por la vida, el mundo se convierte en algo estresante y tienen que protegerse de él.

En especial, el amor dado o recibido mal o de forma insuficiente crea personalidades carentes de perspectiva sobre los acontecimientos. No saben dejarse llevar ni confiar ─ni ganarse la confianza de otros─ para afrontar las circunstancias de la vida. Tienen tendencia a reaccionar de forma pasiva o a aplanarse ante conflictos en vez de resolverlos con decisión.

En cambio, para quienes tienen un carácter de adaptación reactiva y con perspectiva, persiste la confianza en sí mismo, pase lo que pase. La vida se convierte en un campo de experiencias en el que el estrés forma parte natural. Así, ¡se puede ser más joven mentalmente a los 99 que a los 20!

Gilles Diederichs: El estrés de envejecer se debe principalmente al hecho de que sientes que tus facultades disminuyen y tienes dificultades para aceptar la muerte futura e inevitable. También considero que es una falta educativa importante no enseñar la inevitabilidad de la muerte. El sentimiento de impotencia puede generar un estrés significativo, también ligado a una relación difícil con el cuerpo, a la ansiedad por perder las facultades intelectuales y el arrepentimiento o remordimiento por lo que se ha logrado mal y lo que ya no se podrá hacer. Por otra parte, con la edad, el cuerpo reacciona más difícilmente al estrés en general. Así que este período, que debería ser el período de la sabiduría, se convierte en una lucha interna.

Gilles Diederichs: Si pensamos que el envejecimiento es un naufragio, nos ahogaremos, eso está claro. El envejecimiento debería percibirse como la oportunidad de sintonizar el sistema de vida propio con las necesidades del cuerpo y la evolución de la mente. Y no como una carrera para estar ocupados para no pensar y no asumir responsabilidades.

Por el contrario, una buena forma de envejecer consiste es una alimentación sana, pensamientos sanos (positivos), reflexión sobre la vida después de la muerte, apertura a uno mismo y a los demás. Significa también beneficiarse de las enseñanzas esenciales de la vida, decirse a uno mismo que tiene derecho a construir una bonita fortuna de conocimientos antes de partir, que no perderá nada de lo que se ha logrado y que sabrá transmitirlo a su entorno mientras esté allí… ¡Cualquiera que se vuelva hacia sí mismo para aprender no siente el estrés como oxidativo, sino como estimulante! Lo mismo sucede al volverse hacia el exterior de uno y en dirección al prójimo.

Gilles Diederichs: Hay que pensar en la vejez como un pescador que poco a poco va recogiendo su sedal. ¡Y se espera una buena pesca! Tienes que buscar las mejores zonas, los mejores sedales, saber lo que puedes encontrar en un río en particular, etc. Tienes que explorar y actuar pensando que más tarde encontrarás los gratificantes resultados.

Tener un hilo conductor en la vida, no pensar en la vida como una simple ocupación o sucesión de anécdotas, sino darse a uno mismo todos los medios para gobernar su propio barco. Esto implica marcar la diferencia entre “ser un inocentón” y “ser responsable” (como padre, abuelo). A veces también hay que saber hacer sacrificios, pero no en lo esencial. De lo contrario, el envejecimiento se convierte rápidamente al mismo tiempo en una carrera para ponerse al día y en el deseo de no perder nada… La idea de la impermanencia debe inscribirse en el hecho del envejecimiento. El envejecimiento y la muerte son inevitables, así que mejor hacer de ellos un camino constructivo.

> Un año sin estrés: Actividades para relajarte y sentirte mejor, de   de Gilles Diederichs, 18’90 euros, Aguilar.

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